Las épocas de crisis siempre han servido a las personas y a las sociedades emprendedoras para aprender a mejorar las cosas con la intención de salir cuanto antes de esa situación y evitar volver a caer en los mismos errores, con el fin de tratar que cuando las cosas vengan de nuevo mal dadas esa vez sea mejor. Es cierto que los ciclos económicos son una constante y que ya se encuentran reseñados en el Antiguo Testamento, cuando se refiere a las vacas flacas y las vacas gordas, pero es necesario que los amoldemos.
Lo que no se puede hacer es tener a los ciudadanos entretenidos con anuncios de mejora, de subsidios insuficientes de quita y pon y discutiendo todos sobre los pros y las contras de esas actuaciones. Lo que se consigue con ello es el hastío hacia la clase política y el pesimismo colectivo que lleva a la destrucción de las potencialidades de la sociedad. Eso es lo que refleja la reciente encuesta que manifiesta la profunda desconfianza de los ciudadanos hacia los políticos y responsables de los distintos ámbitos de la vida. Esto es común en situaciones de crisis y algo así fue magníficamente relatado por Sidney Pollack en “Danzad, danzad malditos”. Lo que hay que evitar es terminar como le ocurrió a Jane Fonda, induciendo a su propio suicidio.
Nuestra sociedad tiene la obligación de exigir a los políticos una salida de la crisis y sí se le explica adecuadamente los sacrificios que hay que hacer es todavía posible que empujen a los gobernantes en la dirección adecuada y que todos salgamos reforzados. Está claro que Zapatero con casi un 80% de rechazo ciudadano no puede participar en ese cambio, pero en estos dos meses que restan hasta las elecciones autonómicas y municipales se pueden sentar las bases de una reforma que nos conduzca a mejorar.
Y digo esto porque el gran problema que tenemos en España se encuentra en la gestión de las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos. Es donde más se ha gastado y donde se ha establecido una desenfrenada carrera para ser más que el vecino y destacar. Y, por supuesto, donde más se gastara en publicidad mejor todavía porque todos podían ver lo que se hacía por encima de sus vecinos. Luego vienen Moody’s y similares y bajan la calificación de varias Comunidades Autónomas y Ayuntamientos y poco menos que se les llama malnacidos. Por cierto, supongo que todos sabemos que a esas agencias las contratan las propias administraciones públicas y les pagan considerables facturas; conviene no olvidarlo. El problema es que si no lo hacen y no califican la deuda nadie la compra.
Así como el consejero de Sanidad de Cataluña Boi Ruiz ha presentado un plan de contención de gasto, que podrá gustar más o menos, que será más o menos acertado, que tendrá medidas adecuadas y otras menos meditadas, un plan con aciertos y posibles errores pero un plan necesario y urgente, deberían hacer todos los partidos políticos lo mismo en esta campaña. No solo en sanidad sino en todos los campos de las prestaciones públicas.
Se ha descartado el copago sanitario por todos los responsables políticos. Pienso que ya veremos, pero en cualquier caso es una opción legítima y puede que hasta acertada aunque no sé hasta cuando se podrá mantener. Ahora bien, no puede seguirse con la política de todo y de todo en cualquier lugar. Es necesario que en esta campaña electoral se explique esto a los ciudadanos. Que no se prometan cosas que no son imprescindibles para mantener los resultados en salud y que se explique que las cosas han cambiado. Que está muy bien no usar gafas y operarse la miopía, pero que al igual que nunca nadie nos ha pagado las gafas aquella idea, que se le ocurrió a algún político hace algún tiempo, de incluir la cirugía refractiva en el SNS va a tener que seguir esperando y alguna otra cosa parecida habrá que dejar de hacerla.
Que se deje a un lado la demagogia y se comunique que es posible que una valvulopatía mitral severa no puede esperar más de un mes, pero que un hallux valgus es posible que no precise ser intervenido en treinta días. En otras palabras que se prometa que nadie esperará más de lo que precisa pero que no todos los procesos patológicos son iguales y que la lista de espera es el precio no monetario que tenemos que pagar para no tener que hacerlo en metálico o mediante incrementos impositivos.
Y tantas y tantas cosas que los que gobiernen después de las elecciones tendrán que hablar con los funcionarios, estatutarios y resto de empleados públicos para hacer más –o al menos lo mismo- con menos. Con menos gasto, se entiende y aquí cabe todo. Claro que eso hay que hablarlo y reunirse con los implicados como parece que está haciendo Boi Ruiz. La publicación de esas medidas en los boletines oficiales debe ser posterior al diálogo, donde debe acordarse la operatividad de la implantación de esas medidas. La decisión de llevarlas a cabo corresponde a los políticos que serán respaldados por la mayoría de los ciudadanos si las explican claramente y piden excusas por habernos conducido a vivir por encima de nuestras posibilidades.
Si conseguimos aprender a hacer más con menos conseguiremos en no demasiado tiempo poder hacer mejor las cosas y tener más cosas.
Pemeches Juspi
pemechesjuspi@gmail.com
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martes, 15 de marzo de 2011
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