Recientemente algunos políticos han abierto el debate sobre el importe de las tasas universitarias y la justificación o no de la asunción por las Administraciones Publicas de una parte considerable de las mismas, tal como sucede en la actualidad.
Tenemos en España unas cincuenta universidades públicas y veintisiete privadas. No hay Comunidad Autónoma por pequeña que sea que no disponga de su propia Universidad, y no es extraño que muchas se adjudiquen el logo de campus de excelencia internacional. El localismo y nuestro Estado Autonómico han conducido a una pléyade de universidades sin disponer muchas de ellas de una masa crítica de alumnos, por lo que la figura de las aulas vacías ya no se aplica en función del absentismo sino por ausencia de demanda. Es más, en algunos casos se justificó la apertura de nuevas universidades por el fenómeno, en franco retroceso por causa de la crisis, de la inmigración.
En nuestro país se ha fomentado mucho la enseñanza universitaria en función del prestigio que otorgaba a los políticos el crear o autorizar nuevas universidades o facultades y a los estudiantes de disponer de un título superior. Se han ofertado nuevas titulaciones sin una suficiente planificación de las necesidades del mercado laboral para dar salida a las mismas y se ha descuidado de manera importante la formación profesional. Así resulta que somos capaces de diseñar el sistema de control aéreo alemán, pero no disponemos de personal técnico suficientemente cualificado para solucionar por ejemplo una avería en una caldera de calefacción. Por ello Angela Merkel quiere reclutar jóvenes universitarios españoles porque se ahorra la formación, que es lo más caro y no dice nada de contratar a titulados no universitarios, porque nuestra formación profesional no es competitiva.
Por otra parte las universidades gozan de autonomía y muchas se han dedicado a manejar muy alegremente el dinero público de que disponen. Algunas se han convertido en promotoras inmobiliarias e incluso una en promotora y propietaria de instalaciones aeroportuarias. Hace años, en una encuesta realizada a profesores universitarios en una escuela de negocios, ante una pregunta sobre cual creían que era la razón de ser de la universidad la respuesta mayoritaria fue que la investigación. Lo de la enseñanza era algo menos importante. Si el cuestionario hubiera estado planteado con un poco más de mala idea seguro que antes que la enseñanza y posiblemente que la investigación, la contestación ganadora pudiera haber sido la de proporcionar un trabajo para toda la vida. Conociendo la endogamia y la oferta docente que ofrecen muchas universidades no hubiera extrañado para nada esa respuesta. En todas estas cosas que apunto y en alguna más está la cruda realidad de que aunque anunciemos muchos campus como de excelencia, ninguna universidad española está entre las 100 mejores del mundo. Casi siempre cantidad no está relacionada con calidad.
No, no exagero, suele haber bastante confusión. En una ocasión un decano de una Facultad de Medicina conveniada con el hospital donde trabajaba me dijo que había que exigir al Insalud que los hospitales universitarios no tuvieran que cumplir objetivos asistenciales porque lo importante era la docencia y la investigación. Al menos antepuso la docencia, y al preguntarle que si había pensado que iban a decir los ciudadanos que tuvieran que esperar meses para ser atendidos, me contestó que nada, que estarían orgullosos de ser operados en un hospital que realmente era universitario. Han pasado varios años y sigo sin reponerme de mi asombro.
Ahora con la crisis todas esas alegrías de creación de universidades y titulaciones van a ser difíciles de mantener y, con independencia de que habrá que reordenar la oferta docente reduciendo aquellas donde no haya masa crítica suficiente de alumnos, es necesario tomar medidas urgentes en el ámbito presupuestario. Algunas ya se están tomando, como el reducir la oferta de plazas de profesorado
Por eso aquellas Comunidades Autónomas que advierten de la posibilidad de que estudiantes repetidores abonen el coste real de la enseñanza me parece que van en la dirección acertada. Eso sí, siempre que no sea un brindis al sol o una advertencia para que Zapatero autorice a emitir más deuda. Si a los alumnos becarios se les exige, por lo general, un expediente superior a la media y su mantenimiento a lo largo de todo su ciclo académico no solo es necesario, sino que es de justicia, que los que no aprovechan las oportunidades que entre todos les estamos brindando paguen los costes reales de la matrícula. Por supuesto que esto debería enmarcarse en un análisis de la calidad de la enseñanza, porque puede darse el caso de que muchos suspensos sean frutos de malos docentes cuando no de algunos profesores enfermos de soberbia, aunque considero que son los menos.
Cuando se empieza a hablar de copago en sanidad no puede dejarse de lado el debate sobre las tasas universitarias y el aprovechamiento de los discentes. Sería tirarnos piedras contra nuestro propio futuro que por no tomar medidas en este tema se redujeran el número y la cuantía de las becas. Me niego a que con mis impuestos se subvencione a los que no se esfuerzan.
Pemeches Juspi
pemechesjuspi@gmail.com
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miércoles, 16 de febrero de 2011
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