La Comunidad de Madrid acaba de anunciar la creación de un Bachillerato de Excelencia para los mejores alumnos de la ESO y la respuesta desde la izquierda, incluido el ministro de Educación Angel Gabilondo, ha sido de oposición casi furibunda a la implantación de tal medida.
En un post de hace algunas semanas, y sin tener la más mínima idea de que pudiera llevarse a cabo alguna actuación en ese aspecto, escribía sobre la necesidad de llevar a cabo una educación por competencias. Y parece que en la Comunidad de Madrid, y si Esperanza Aguirre renueva su mandato, va a implantarse una enseñanza de bachillerato para los alumnos con media superior a ocho en la Educación Secundaria Obligatoria. Y si se hace se efectuará de manera voluntaria, no obligatoria como le gustan las cosas al gobierno de Zapatero.
Los socialistas siempre han defendido la escuela unificada y se oponen a esta disgregación diciendo que la escuela no es solo para aprender sino también para convivir. Supongo que serán muy pocos los que nieguen esta función del aula, pero no es la principal y, en todo caso, estamos hablando del bachillerato. Es decir que los niños ya han tenido toda la educación infantil, la primaria y la ESO para aprender a convivir, a pesar de lo difícil que resulta en algunas aulas por la pérdida de autoridad del profesor y la falta de apoyo de los padres. Y deberían aprovecharse estos años para inculcarles la cultura del esfuerzo personal.
Remarco que lo que la Comunidad de Madrid propone es para el bachillerato, es decir para alumnos de dieciséis a dieciocho años, en una etapa educativa no obligatoria y que coincide con la edad mínima para iniciar actividades laborales. Creo que esto es muy importante señalarlo, porque no se está discriminando ni negando a nadie el derecho a la educación recogido en la Constitución. Y también hay que señalar que no están proponiendo disgregar a los torpes, ni crear aulas de niños conflictivos y alborotadores, la propuesta no tiene nada que ver con esto ni con las clases de repetidores de mi generación.
Por otra parte no se pretende una educación basada en las capacidades económicas sino en el esfuerzo personal, y es obligación de la sociedad exigir más a los más capaces y a los que más se esfuerzan por mejorar, y para ello es necesario proporcionarles oportunidades de desarrollo. Oportunidades que bajo ningún concepto deben sostenerse en retirar recursos para los menos capaces y en no apoyar a los menos dotados y a las minorías. Es más, creo que deben hacerse esfuerzos cada vez mayores para despertar intereses intelectuales en quienes no los tienen o no disponen de impulsos suficientes en sus núcleos familiares. Por ello la integración y la convivencia son necesarias y no debe suprimirse e, insisto, va a seguir así –según puede deducirse de las declaraciones de la consejera de Educación de Madrid, Lucía Figar- hasta el bachillerato.
Como decían anteriormente, el entrar a formar parte de ese tipo de enseñanza será voluntario y permitirá el acceso a alumnos sin capacidades económicas. Y esto también lo obvian Gabilondo y la izquierda, aunque muchos dirigentes de partidos de esta ideología llevan a sus hijos a colegios privados de élite, pero no en el bachillerato sino a lo largo de todos los ciclos educativos.
Además esta decisión debería tener efectos motivadores para el profesorado. Por poner una comparación –aunque seguro que algún lector es capaz de hacer otra mucho más afortunada- un cirujano ortopédico nunca dejará de estar encima y hacer lo imposible por reconstruir un miembro polifracturado aunque el paciente no le haga caso y no siga sus recomendaciones, pero tendrá una importante satisfacción profesional con aquel paciente que con una patología similar sigue todas las pautas del tratamiento y a los seis meses está reincorporado a su vida habitual. Y esto le motivará para tratar a pacientes como el citado en primer lugar.
Y digo esto porque se explica que esos alumnos de excelencia tendrán los mejores profesores, pero como resulta que las asignaturas son las que son y el número de alumnos será limitado, creo que sería bueno establecer un modelo de carrera profesional para que cada cierto número de cursos nuevos profesores excelentes puedan ejercer funciones docentes en ese bachillerato.
Por tanto sea bienvenida la educación por competencias intelectuales y por el esfuerzo que, con el tiempo, conducirá a que se formen profesionales de todo tipo y de todos los niveles para las necesidades de la sociedad. Es lo de la parábola de los talentos y los laicistas que sustituyan a Dios por la sociedad.
Pemeches Juspi
pemechesjupi@gmail.com
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jueves, 7 de abril de 2011
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