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miércoles, 13 de abril de 2011

Las “procesiones ateas” y la Alianza de Civilizaciones

¿Tiene derecho cualquier persona, asociación o colectivo a reclamar que España sea un estado laico? En mi opinión sí y existen cauces para ello. Qué es difícil que lo consigan en un corto periodo de tiempo, por supuesto. ¿Es una demanda mayoritaria de la sociedad española? tengo mis dudas, pero creo que no. En todo caso exige una reforma constitucional de las “complicadas”; es decir, mayoría de dos tercios de Congreso y Senado, disolución inmediata de las Cortes, las nuevas Cámaras elegidas tendrían que ratificar la decisión y proceder al estudio del nuevo texto constitucional que debe que ser aprobado por mayoría de dos tercios de ambas Cámaras, y por último ser sometido a referéndum. Y eso es así porque el actual carácter aconfesional de España está recogido en el capítulo segundo, sección primera del Título I de nuestra Carta Magna.

Efectivamente, un follón aunque se consiga –que no es fácil, pero tampoco demasiado complicado-poner en marcha una iniciativa popular para que el Congreso tome tal petición en consideración. Más o menos lo mismo que para que la infanta Leonor pueda reinar en su día si los Príncipes de Asturias tuvieran un hijo varón.

Pero lo que ninguna persona, asociación y colectivo tiene derecho –en mi humilde opinión- es a faltar al respeto a las creencias de una parte muy importante del pueblo español, protegidas en el artículo 16 de nuestra Constitución.

Como es público y notorio, para el Jueves Santo se ha programado una “procesión atea” en Madrid convocada, entre otros, por un colectivo que dice expresamente “Somos un frente ideológico que estamos, exclusivamente, para castigar la conciencia católica. Nuestro propósito es hacer daño a las ideas de la gente. No nos andamos con contemplaciones”. El anuncio de dicha “procesión” no tiene desperdicio y es una auténtica antología de la blasfemia. Que, afortunadamente, no tiene ilicitud penal como en el franquismo, pero que ofende gravemente a los católicos y, estoy convencido, que a muchos que no lo son. No me atrevo a reproducir aquí los nombres de los pasos que tienen programados pero pueden encontrarse fácilmente buscando en Google. Incluso en algún medio se ha comunicado que se hará una parada frente a una de las primeras iglesias quemadas en 1936 para reivindicar aquellos actos.

Por todo ello sorprende extraordinariamente la actitud de la delegada del gobierno en Madrid y de algún miembro del Consejo de Ministros, como Jáuregui que ha manifestado que el gobierno estudiaría si hay algún ánimo de ofender. Menos mal que Rubalcaba ha puesto en su sitio a la nueva delegada en Madrid que ya había decidido inhibirse con la excusa de que era un acto festivo y la ha obligado a autorizarla o prohibirla.

Por otra parte, los detractores de Gallardón, sobre todo los que tiene en el propio Partido Popular, deberían reconocer la exquisita actuación del gobierno municipal oponiéndose a su celebración y emitiendo un informe a la autoridad gubernativa sobre los riesgos de alteración del orden público que puede tener tal manifestación.

Ahora bien, me gustaría saber cuál sería la opinión y actitud del gobierno de Zapatero si a cualquier persona o grupúsculo, y no digamos si es un colectivo organizado, se le ocurre organizar un acto en contra del islam. No me lo quiero ni imaginar. Ya algún sindicato caricaturizó despectivamente al Papa Benedicto XVI en su visita a Barcelona y no dijeron nada, ¿habrían hecho lo mismo si hubieran ridiculizado al Profeta o a alguna autoridad musulmana?

Es que da mucho que pensar lo de la Alianza de Civilizaciones y lo que nos cuesta. Espero que en próximos informes del Tribunal de Cuentas no ponga ningún reparo o nota desfavorable porque sería tremendo, ya que no hay que olvidar que este proyecto de nuestro iluminado principal no se ha sometido a los recortes presupuestario que estamos sufriendo, y se le ha dotado, además, en febrero de otros veinte millones. Y digo que da que pensar porque parece que solo es para proteger los derechos de una minoría, aunque muchos de sus componentes consideren a la mujer inferior, y sin embargo su principal impulsor y los que le jalean permanecen impasibles ante las ofensas con las que se amenaza a la mayoría. Y aunque no fueran la mayoría.

Todavía está el gobierno a tiempo de actuar en el tema de la “procesión” a la que me he referido. Si de verdad cree en esa Alianza, que empiece por defender el respeto a nuestra civilización, y que haga pedagogía democrática –que mejor ocasión cuando a Zapatero algunos le consideran el presidente más demócrata que vieron los tiempos- explicando cuales son los cauces para convertir a España en un Estado laico sin ofender a nadie. Y si democráticamente se consigue, bienvenido sea dicho Estado.

Pemeches Juspi
pemechesjuspi@gmail.com