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lunes, 3 de enero de 2011

Médico elegido, médico a reconocer

Hace ya algunas semanas se publicaba en este blog un post sobre la necesidad de conservar nuestro SNS para lo cual se consideraba necesario desarrollar una serie de cambios, y en un segundo post se hacía hincapié en que era imprescindible mejorar la gestión de la sanidad pública.

Hoy voy a centrarme en lo que todos los políticos y gestores consideran que es el principal activo de nuestro Sistema Nacional de Salud, los recursos humanos, y especialmente en los médicos, el núcleo duro de la gestión del conocimiento de la salud, dicho con todo respeto y consideración al resto de los profesionales sanitarios sin cuya existencia la atención hospitalaria no podría llevarse a cabo, pero cuyo papel en la Atención Primaria está muy alejado del médico en el funcionamiento actual de nuestro SNS, según comenté en un post anterior.

Los salarios médicos en el SNS español son los más bajos de la UE-15, superados incluso por Portugal a donde han emigrado muchos galenos de nuestro país, y, además, existe una importante variabilidad entre las distintas Comunidades Autónomas. Se les ha bajado en 2010 el sueldo en torno al 7% (son grupo A, y la media de la disminución salarial de los empleados públicos ha sido del 5%) e incluso en Murcia se les acaba de incrementar el horario y disminuir la retribución por guardias en un 10% y en Cantabria no se les abonará la retribución variable de 2009. En otras CC.AA. la percepción de los emolumentos correspondientes a los niveles superiores de la carrera profesional no se lleva a cabo desde hace al menos dos años.

En las últimas semanas se ha puesto en marcha la libre elección de médico en la Comunidad de Madrid, cuya filosofía merece un reconocimiento por la capacidad de libertad que otorga a los pacientes, y es el camino a seguir como ya ocurre en muchos países de nuestro entorno. Las opiniones de cómo se ha implantado no son unánimes entre los profesionales y, por supuesto, la izquierda lo ha demonizado. En cualquier caso es una nueva etapa que requiere recorrido, mirar para adelante y superar las inconcreciones y dificultades –que sigue habiendo y habrá durante un tiempo- en su implantación, fundamentalmente por la premura como se ha llevado a cabo.

Ahora bien, está libertad de elección no se puede hacer a costa del médico. Es muy idílico que pagando lo mismo se pueda tener al profesional sanitario que se desee. Es ilusorio que ese profesional pueda, en el horario de trabajo que le corresponde -el mismo que el resto de compañeros del SNS-, atender a toda la avalancha que se pueda crear -el boca-boca es poderosísimo en temas de salud, pues cualquier momento es bueno para hablar de ello en sustitución de la meteorología-. Si las retribuciones no son diferenciadas, es una verdadera injusticia. Y si lo son, pueden estar viciadas, igual que en algunos sectores de las aseguradoras médicas privadas, y con esto no estoy defendiendo el pago por acto médico, que puede inducir –e induce en muchas ocasiones- a la multiplicación del mismo.

Hago estas reflexiones con motivo de un caso que acabo de vivir. Un paciente que tiene una aseguradora privada, a la que fue con problemas urológicos. Después de mirarle, le dijeron que tenía un pequeño papiloma en la vejiga, pero que con unas pastillas, sólo habría que vigilar por si crecía. Como las pastillas eran caras y también tiene cobertura por el SNS decidió solicitarlas, y su médico de familia (del SNS), correctamente, le mandó al Urólogo del hospital X. Una vez visto, le indicaron una cistoscopia y le diagnosticaron una neoplasia que precisaba resección quirúrgica. El urólogo del Hospital X (del SNS), le comentó que se podía operar en este hospital, pero que le recomendaba que se operase en el Hospital Y (del SNS) porque allí estaba el equipo del Dr Z, que era excelente, y disponía de más medios. Estaba el hombre pensando que hacer, cuando se le intensificó la hematuria, y decidió solicitar asistencia médica, en su aseguradora privada, donde quedó en observación, con sondaje vesical y lavado continuo hasta alcanzar mejoría. Ya veremos qué pasa con su neoplasia y quién se la trata definitivamente, no el síntoma hematúrico.

Los profesionales sanitarios sabemos que esto, y cosas parecidas, e incluso otras más aberrantes, van a pasar continuamente. Con ello, la eficacia del acto médico disminuirá hasta niveles inaceptables y la eficiencia del sistema tenderá a cero. A lo que se añade que todo lo relatado, no va a quemar, sino que va a carbonizar a un colectivo cada vez más machacado por el “patrón”, y por los medios de comunicación. Con razón muchos médicos no quieren que sus hijos sigan sus pasos, a pesar de ser la profesión más bonita del mundo (no se ofenda nadie, pero me delata la pasión).

Y lo que no puede ser es que se implante un sistema y no se pueda retribuir adecuadamente a los médicos que sean más elegidos. Estamos de acuerdo en que el momento económico no lo permite, pero por ello mismo para que los gobernantes adopten estas medidas sin disponer de las herramientas de gestión necesarias para que lleguen a buen puerto es necesario que elijan adecuadamente a los asesores y que estos tenga el valor necesario para decir la verdad aunque sospechen que no vaya a gustar. Ojalá que no empiecen a acumularse rechazos a los pacientes electores.

Comprendo que estos movimientos se hacen ahora, a pesar de las limitaciones, por las próximas elecciones, porque la ingenuidad queda descartada. Pero es que los efectos favorables para dicho objetivo, son limitados en el tiempo, y va aumentar la desmotivación de los médicos que no verán recompensada su elección al menos hasta que finalice la crisis, lo cual va para largo. Y también debe tenerse en cuenta que un médico desmotivado trabajará siempre con eficacia y efectividad y dirá que la eficiencia es para los gestores y los políticos.

Es imprescindible, pues, para contar con una mayor implicación de los profesionales pagar en función de resultados. El tan denostado INSALUD inició un sistema de retribución por objetivos que debería retomarse perfeccionándolo. No sólo para retribuir positivamente a los que se esfuerzan más en los objetivos de la organización; sino, sobre todo, para evitar el incentivo negativo que supone saber que están cobrando el mismo salario personas con una dedicación mucho menor. Ya sé que todo lo que no sea retribución lineal tendrá la máxima oposición sindical. Responsabilidad de los gobernantes es no ceder a ellas y dejarles que se dediquen a pactar huelgas generales con Zapatero, como la recientemente anunciada para antes de las elecciones autonómicas y municipales.

Fidel Codex
fidel.codex@gmail.com